Leyendo el artículo “Distribución de la revolución (2)“ de Emilio Romero Parducci respecto al abuso y mal-uso de las palabras en tiempos de “Revolución Ciudadana”,publicado en diario El Universo hoy 10 de julio, vino a mi mente un libro titulado “Palabras Plásticas” de Uwe Poerksen,el cual pude conocer hace quince años a través de Ivan Illich.

En la introducción del libro antes mencionado, el autor narra que en 1985 asistió a una conferencia sobre las ventajas de la nueva tecnología que tuvo lugar en la ciudad de Tepotzlan (Mexico) y durante el receso le hizo notar a su compañero mexicano de que la charla dictada por uno de los expertos,tenía como base apenas cien palabras y este entre risas le contestó: ¡Que va… si apenas fueron cincuenta,pues con cien palabras ya sería presidente…!

Infelizmente para los ecuatorianos, Rafael Correa es la muestra de que este anécdota no esta nada lejos de la realidad. Ningún otro gobierno en la historia de nuestro país, ha introducido tanta terminología plástica compuesta por palabras huecas, que aparecen en la superficie de un sin número de contextos sin decir o especificar absolutamente nada.

Palabras sin sustancia que han sido alteradas en su significado y empobrecidas en su contenido para utilizarlas como simples módulos de ensamblaje que se ajustan a cualquier necesidad, solución de problema o justificación de un atropello. Son contorsiones semánticas con el objetivo de ocultar y deformar los hechos políticos, sociales y económicos del acontecer nacional .

La antigua Unión Soviética en su utopía socialista incorporó el “dominio del tiempo” cuando empezó a aplicar la planificación que daba la sensación ilusoria de un salto hacia adelante y cuando estos objetivos no se alcanzaban, simplemente la planificación se modificaba hasta llegar a la meta. En tanto que la revolución ciudadana de Correa, ha incorporado “la domesticación del lenguaje” como instrumento de subyugación, cuyo significado queda reducido a un denominador común para satisfacer necesidades “creadas por la revolución” que antes no existían en los estamentos del estado y su respectiva administración, para así proporcionarnos la sensación futurista de haber alcanzado niveles de desarrollo únicos que son referentes para el mundo, resumidos en la propaganda del “milagro ecuatoriano” .

Utilizando términos como “Renuncia Obligatoria-Voluntaria”,Correa despidió a miles de servidores públicos para acomodar a personas comprometidas con su proyecto político (compromiso que para los significantes personales de Correa equivale a sumisión). Así también, mediante La Ley para La Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo en el Hogar, eliminó el 40% del aporte estatal .

Por otra parte, con La Ley Orgánica de Comunicación para desarrollar, regular y proteger los derechos de la información como bien público, nos aplicó una mordaza violando la libertad de expresión de los ecuatorianos.

Luego, bajo el pretexto de “irregularidades encontradas durante cierta intervención técnica”,Correa despojó a los maestros de sus fondos de cesantía. No es extraño tampoco que por ciertos “resultados provisionales del examen especial a los procesos de reconocimiento”, el gobierno eliminó la jubilación patronal, un derecho adquirido de los trabajadores.

Adicionalmente, tenemos la creación de la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de Salud y Medicina Prepagada que no es más que la implementación de un sistema para que Correa tenga a los médicos y a todos los servicios de medicina privada bajo la suela de su zapato y destruir las bases del sistema de salud privado .

Es que actualmente en el Ecuador no hay ley sino caprichos o resentimientos que se convierten en leyes tal y como la Ley de Redistribución de la Riqueza que tiene como factor desencadenante el deseo del presidente Correa de destruir a las empresas familiares para luego proceder a invitar a un “dialogo ético” con todos aquellos a quienes la Secretaria Nacional de Planificación y Desarrollo a denominado “autoexcluidos”.

Pero ¿qué clase de diálogo puede existir cuando se tiene como base un lenguaje plástico cuyo significado ha sido monopolizado por un solo individuo?.

Además, es oportuno recalcar que el único punto referencial- ético de Correa se lo puede observar en sus actos a lo largo de estos ocho años, los mismos que develan una elocuente insolvencia moral.

En política la perdida de la credibilidad y la confianza es el sepulcro y ese es el destino político de Correa a muy corto plazo , puesto que todo lo que dice es hueco, carente de sustento. Combina términos a su antojo para fabricar con rapidez modelos de realidades paralelas, según su conveniencia, tales como las declaraciones de su Ministro de Política Económica , quien con desfachatez extrema manifiesta que los pagos con títulos del Banco Central a los constructores de obras públicas no son por falta de liquidez sino por “por un proceso de remisión de intereses y multas”…. Toda una contorsión semántica para falsear la realidad y ocultar que simplemente no hay dinero …!

Terminología plástica propia de un régimen autócrata fofo, vacío y con una voracidad extrema por apoderarse de todo hasta de las expresiones de la encíclica papal . Correa en su afán por transformar la palabra en instrumento de engaño ha quedado atrapado en su propio juego, pasando del “discurso esquizoide” a la conducta esquizoide sin noción de límite o recato .

LAING decía: “Estan jugando un juego, estan jugando a que no ven que estan  jugando un juego. Si les demuestro que veo que estan jugando a que no estan jugando un juego, quiebro las reglas y me castigaran. Debo jugar el juego de no ver que no estan jugando un juego”

En estos momento de emergencia nacional todo ecuatoriano debe VER el juego macabro al cual ha sido sometido desde hace ocho años para NO PERECER en esta trama diabólica

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